¡Cali no es solo salsa! Este es el experimento del sonido

¡Cali no es solo salsa! Este es el experimento del sonido

Esta crónica la escribí cuando hice parte del equipo periodístico del periódico El Giro de la Universidad Autónoma de Occidente. Después de mucho pelear con mi editor, porque lo tenía ‘jarto’ de escribir sobre rock, en vez de salsa, este es el resultado de la contienda: una puerta a la diversidad musical que envuelve a Cali.


Carlos Vives y su álbum La Provincia, ya eran fusión en 1993 con los sonidos del vallenato que se mezclaban de forma extraña con el rock, y así muchos de nosotros conocimos el acordeón de la costa.

En Cali sin fecha exacta pero con mucha convicción, diferentes bandas comenzaron a buscar la identidad de la ciudad cobijada por la salsa. Así inicia nuestro recorrido, mezclando chontaduro con borojó, buscando la combinación perfecta. Pero es que hace rato que venimos con este cuento, “las fusiones no son nuevas pues todas son producto del arte”, dice Jorge Giraldo, director de la Audioteca de la Secretaría de Cultura, “esa es la forma como el pueblo expresa lo que piensa, siente y cree”.

Las variaciones de sonido entre una banda y otra te lleva por una partitura que atraviesa las calles de la urbe en donde los músicos –en especial- jóvenes, han caminado lo suficiente para sentir que deben hacer algo diferente: un híbrido musical que se colorea por un lado, con un saxofón y una chirimía chocoana, por el otro, te trae a África directamente a tu sofá. Todo depende de si tus oídos quieren dejarse cautivar con los murmullos de las notas, porque también hay unas más eléctricas y otras tan densas como el agua.

Sango Groove, un sancocho musical

Las notas de un saxofón llenaron la atmósfera nocturna. Esas eran de las notas de gozadera que contagiaban a los asistentes, la chirimía de la que hablaba Víctor González, pianista empírico, fundador y ‘todero’ del proyecto que hace año y medio formó. Antes de pertenecer a Sango, él hacía parte de la agrupación Ancestros con la que viajó a un festival en Estados Unidos y, a pesar de que esta se terminó, él siguió un camino musical de vientos europeos y pacíficos.

A las siete de la noche la rumba se prendió. La Biblioteca Departamental tenía su patio a reventar y al fondo, una tarima con el letrero de Ajazzgo se levantaba sosteniendo a ocho personas que conforman el sancocho. Las chispas de magia aparecieron cuando una tambora y la chirimía acompañada de dos saxofones, una trompeta; y un piano interpretaban la melodía de un ritmo sin clasificación que con su son, puso a bailar a los asistentes, que cuando finalizaba cada pieza, sus manos se deshacían en aplausos.

El secreto del nombre Sango Groove, quedó al descubierto al escuchar la música que realiza este octeto: pura bacanería para bailar y gozar, y no muy lejos de esta creencia está la sonoridad africana que se siente en sus melodías, “y la similitud al pronunciar la palabra Changó, es como un sincretismo para darle más vida a la palabra”. Pero también está su origen etimológico en el idioma quechua que la convierte en todo un sancocho. ¿Y Groove? Pues es el lado norteamericano del cuento cuando por allá en los años 30 el swing y el Jazz eran en palabras de Víctor el ‘afinque’ “como el flow, la cadencia, el golpe o el viaje, entonces esto, Sango Groove, es como un sancocho con afinque”.

Un Sasquastch en la sultana…

El Sasquastch, una leyenda mitológica, se prepara para sacudir con sus pisadas eléctricas el suelo de la sucursal que se mueve por el frenesí del baile. Tres de los integrantes de Electric Sasquastch que desde hace cuatro años se dedican al rock, cuentan que la historia inició al fusionar los buenos amigos con la pasión por hacer algo musicalmente diferente pues “solo entenderían si van y nos ven en vivo, porque la gente se queda mirándonos, pero es bacano, sentís que ponen atención… quieren saber qué es lo que hacemos”, cuentan ellos.

Con unos acordes de la guitarra eléctrica aparecieron los cuatro tótems (un águila perlada, un oso perezoso, un oso de anteojos y una lechuza) en el bar La Estación para acompañar a este “personaje de la cultura norteamericana cuyo nombre viene de la lengua indígena de ese país” el pie grande que ronda la ciudad como lo hacía el Buziraco, antigua leyenda caleña en la que se inspiraron para crear a su personaje.

El nombre es tan solo un juego de palabras, ¿pero en inglés? Sí, como todas sus canciones. “Nos hemos ganado las discusiones bizantinas que querás por eso, pero es que el rock con el español no pega. No es que estemos cerrados a hacer música en español, pero por el momento nos ha pegado bien así” ¿Y qué música hacen en realidad? La base es el rock “tenemos una batería, guitarra, bajo y un vocal, tocamos a cuatro tiempos, pero no nos limitamos a eso, nos gusta experimentar y meterle distorsiones a la voz… Crear un ambiente”. Por momentos no entendía qué tipo de música era la que hacían, pero una canción sí me sonó a algo conocido: Dream Theater.

La última canción dejó a más o menos 100 curiosos asistentes con la boca abierta. Horas más tarde, el Sasquastch salió victorioso al escenario, tras ganar el encuentro de bandas caleñas entre las cuales se presentaron Los Hotpants, The Fireplugs, Adrenalina y el solista Xavier Martínex.

Notas líquidas, un universo de sensaciones

Ahora, en frente de una piscina, es Liquidelic quien conduce la electricidad. Después de un viaje por Latinoamérica, David Mosquera, guitarrista y fundador de la agrupación, regresó con la mente despejada y con la plena convicción de crear su banda: una idea que le rondaba la cabeza hacía tres años.

“Liquidelic es como un líquido sicodélico, pero son dos palabras que están en latín… ‘liquid’ significa estar claro y ‘delic’ significa delia, que es la capacidad que tiene un individuo de manifestarse y poder ejercer su propia voluntad” Hace año y medio que ellos se manifestaron y estuvieron claros bajo la dirección de David, quien estuvo buscando una voz adecuada para que interpretara algunas de las canciones que ya estaban compuestas “y ahí es donde entra Daniela que tiene un registro muy original” y después entró Nicolás que es el baterista; hace apenas un mes y medio, el nuevo integrante del grupo es David, “que apenas entró y ya se sabe todas las canciones, es un duro”. Hasta ahora, han compuesto nueve canciones y se han presentado 10 veces.

El agua fluye por las composiciones que reflejan su pasión por lo natural y por la mezcla de sensaciones que es una de sus características.  “Queremos hacer música que le guste a todo el mundo, que la puedan escuchar desde los más chicos hasta los más ancianos, que mi abuelita la escuche y diga, eso suena bien” e influenciados en su canción ‘Vibración Positiva’ por el rock, el reggae, algo de acid rock, punk y hip hop se da la “adaptación para crear un sonido líquido” pero David reconoce que también son los efectos que utilizan, porque de no tenerlos, “seríamos un grupo de reggae o rock más sencillos”.

África + Pacífico = Herencia de Timbiquí

Era de día pero no el amanecer. Eran poco más de las 10 de la mañana cuando encontré a Begner Vásquez, fundador de Herencia, sentado cerca a las puertas del lugar de encuentro, algo me decía que este día iba a descubrir algo que me tenía deparado el destino.

Desde el 2000 están unidos por la fuerza familiar haciendo lo que más les gusta porque lo heredaron también de sus ancestros: Música. “En nuestras letras queremos reflejar la problemática de nuestra gente del pacífico” y de eso se tratan muchas de sus canciones, pero si te acercas mejor, verás el misticismo del continente negro reflejado en los matices de las canciones interpretadas con Marimba de Chonta, Cununos y un Bombo Folklórico. Esto es Herencia: Una fusión de los sonidos africanos con lo mejor del pacífico, que concluyen en un orgullo patrio que trasciende fronteras, como la más recordada: La Gaviota de Plata en el Festival de Viña del Mar en Chile, un premio que no esperaban ganar con la canción Amanecé “pues no era la insignia de Viña”. Sin embargo, esta experiencia les dejaría algo en el camino.

Con tres álbumes grabados, un triunfo en 2006 en la décima versión del Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez y las múltiples giras que han realizado, el recuerdo de la experiencia con Amanecé llega en el mejor momento “el vídeo lo grabamos justo después de venir de Viña, con toda la experiencia que pasamos, y aunque las locaciones no son Timbiquí, ese video es la idea de un pueblo representado en ciudad” aquella que aún sigue buscando su identidad y la comienza a reconocer con los ritmos que desde siempre han estado ahí dormidos: los del pacífico.

Publicado en octubre de 2013.

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Este trabajo fue adaptado para ser publicado en la sección Vé de El País de Cali.

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