Cómo generé mi marca personal, pasos de ayuda para principiantes

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Escribo este blog con mucho entusiasmo.

Mi marca personal comenzó a existir en 2014.

Pero no tan en serio como ahora. Sabía cuáles eran mis fortalezas y trataba de tenerlas todo el tiempo presentes para no desenfocarme. Algo que siempre tuve claro es que como comunicadora, quería ejercer como tal e iba a hacer hasta lo imposible por lograrlo y no alejarme del empedrado.

Renegué cuando me tocó enfrentarme a mi primer -primerísimo- trabajo y era en comunicación organizacional. Yo no comprendía cómo era que Anabelle (así se llama mi jefe de otrora) podía encontrar divertido estar todo el día sentada detrás de un escritorio y frente a un teclado redactando comunicados de prensa sobre la labor de un Centro Educativo gubernamental en una de las universidades más importantes de la ciudad.

Con el tiempo, decí vos, unas tres semanas (jaja) me tocó darle la vuelta y verle lo lindo. La única forma en que lo veía viable era verlo desde la comunicación digital. Por mi práctica profesional, aprendí a emocionarme con este tema.

Mi primerísimo trabajo, como comunicadora. Mi primer trabajo, ahora sí, como comunicadora también. Era fantástico.

Creo que no me había sentido así de feliz en ningún momento en mi formación universitaria. Mi marca personal se independizó del trabajo en 2018. Sí. Estuve cuatro años trabajando con dedicación por no salirme del empedrado para ser siempre comunicadora, pero aún me faltaba propósito. Póngale a eso que quería enseñar, y ya había hecho unos pinitos, pero comencé a abandonar la escritura. No sé en qué momento sucedió.

Luego viré a la dirección de proyectos y se me perdió el camino empedrado.

Un alto.

En este artículo verás...
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    La primera foto de mi marca personal

    Cuando empecé en 2014, tuve una decepción con la escritura; entonces me dije: como fotógrafa también puedo ser comunicadora, total que el mensaje lo lleva la imagen. ¡No se diga más! Un diseñador muy versado me ayudó a construir mi logo con unas ideas bastante vagas (como todo lo que empieza de la nada): 

    1. Fotografía.
    2. Colores de mi gusto: violeta, preferiblemente.
    3. Mi inconsciente me decía que no abandonara la escritura, así que le incorporamos un lápiz.

    Y luego venía la foto. ¿Quién era yo? Una muchacha de 20 años que estaba buscando su identidad profesional. ¿Cómo vestirme para la ocasión?

    1. Siempre me gustaron las camisas.
    2. Mi cabello es mi sello en términos de imagen, así que tenía que destacar.
    3. Y la infaltable sonrisa.

    El resultado de toda esa combinación que carecía de un norte bien perfilado, fue esto.

    Y yo estaba orgullosa. Esta fue la primera imagen que proyecté en talleres y en mi primer sitio web hecho en Tumblr. Abrí mi fan page de Facebook y comencé tímidamente a publicar algunas cosas.

    Y unas semanas más tarde, mi sitio web ya no estaba en Tumblr, sino que dio el paso a WordPress y sería una galería de fotografías con algunas historias acompañantes.

    La evolución de mi marca personal

    Unos meses más tarde, una noche, si no me fallan los recuerdos, la cámara con el lápiz en lugar de obturador me quedó pequeña. Necesitaba salirme de ahí.
    De nuevo, mi diseñador estuvo para acompañarme con algunas preguntas…

    • ¿Quién es Natalia ahora? ¿Qué cambió?
    • ¿Cómo quieres que te perciban?
    • ¿Vamos a usar otra vez el morado?

    Todas esas preguntas fueron realmente existenciales. Tuve que escribir un buen rato para llegar a la respuesta, pero ya iba tomando más forma. Decidí que posicionaría mi nombre completo, con la R. como diferencial; mi segundo apellido, quizá más sonoro que todo mi nombre, y mi firma legal lo contiene, así que tenía motivos de sobra para usar mi nombre completo.

    El logo cambió a unas formas más rectas que formaban las iniciales de mi nombre. A decir verdad, me costó en un principio adaptarme a él porque no tenía muchas formas de usarlo. Quizá ahí fallé, porque no entendía bien qué hacer con el logo, ni cómo usarlo estratégicamente.

    Lo cambiamos en el sitio web, en donde empecé a publicar más blogs… Inconstantes, pero los publicaba.

    De forma reveladora, abrí Instagram y esta fue la primera foto que subí.

    Y de ahí, no supe qué otra forma darle a mis redes sociales. Estaba en un turbulento proceso de aprendizaje interior, con clientes, trabajando en mejores estrategias para comunicar de forma efectiva sus mensajes a sus audiencias, que…. mi marca personal, a veces se quedaba de última. Y ahí fue donde supe que ya no sabía qué más hacer con mi imagen.

    La sombra de mi marca personal

    En 2018 renuncié a la agencia de marketing digital que impulsó mi carrera. Renuncié buscando nuevos rumbos como consultora, pero volví a vincularme laboralmente, por fortuna para mi, como comunicadora. Ese año, mi marca empezó a relegarse… de nuevo.

    Sabía que estaba ahí y que tenía que seguir construyéndola… Meses más tarde, decidí rebelarme y volver a mis andanzas independientes… Pero terminé de nuevo en una agencia y mi marca personal continuaba empolvándose… Anquilosada en un logo y una imagen del 2015…

    El quiebre de Natalia

    Fue cierto día cuando cierto jefe no me dejó participar de un evento de comunicaciones, negocios y publicidad de talla internacional. ¿Por qué no? Por que era más importante estar en frente de un escritorio esperando a que aparecieran mis clientes (que ni siquiera eran míos) para atenderles. Ese día no pasó nada. Nadie apareció. Ni siquiera mi jefe.

    Volteé a mirar a mi marca y le prometí que haría lo posible por levantarla, aunque pareciera una tarea pesada.

    Y como diríamos hoy, pleno 2020, la desbaratación

    Comencé entonces a pulir mis presentaciones para mis talleres extra después del trabajo, o mis asesorías con otros clientes. Lo que llamamos «el freelo» cuando uno tiene su trabajo de planta pero quiere insistir en ser «independiente». Lo que me molestaba era no poder ser libre para construir. Porque lo que logré construir en ese último trabajo, se vino todo abajo una vez renuncié.

    ¿Me dolió? Claro. Yo había vivido el sueño de alguien más. Quedé desubicada. Me pasó dos veces seguidas, y dije, esta vez no habrá tercera.

    Tomé mi marca, la abracé, me reconcilié con ella y empecé a hacer lo que cualquier comunicador cuerdo haría: organizarle su mensaje maestro, definirle su público, tratar de definir sus colores. Mejor dicho: meterle estrategia a mi proyecto personal. Porque si no lo hacés, ¿qué es lo que estás persiguiendo? 

    La desbaratación para comenzar de nuevo, un moodboard cuidadoso

    Vos no sabes a quién tenés al lado. Me acuerdo de esa tarde, fue muy gracioso como sucedió todo. En frente tenía a Juli, una gran ilustradora a quien admiro mucho, hablándome sobre formas y colores y yo, tímidamente comenté.

    -Mi Instagram es terrible. Quisiera encontrarle más forma, pero no sé cómo hacerlo.

    -¡Yo te ayudo!

    – ¿En serio? No… Me da pena con vos. Yo ya aprendí a querer mi logo. Nos reconciliamos.

    -¿Segura? Bueno, hablemos en esta semana.

    ¡No se diga más! Fue un gran proceso. Por primera vez hice un Moodboard… Y si ustedes están queriendo formar una marca personal y no saben por dónde comenzar, les recomiendo esta herramienta.

    Nota: juro que solo quería asesoría en color y su bondad artística la llevó a reconstruir mi logo. Me reconstruyó la autoestima. 

    Nota: esta foto me la tomé yo mismita, en mi casa, con una luz (prestada) y con mucha paciencia. Tuve que ver algunos referentes en Pinterest. No salió exactamente como yo quería, pero veía evolución del 2018 a hoy.

    ¿Cómo hacer un Moodboard para tu marca personal? Toma nota

    • Usa Powerpoint, nunca falla.
    • Divide el moodboard en secciones: 
      • Marcas representativas y punteras en tu mercado laboral. 
        • ¿Qué mensaje dan?
        • ¿Cómo se comportan?
        • ¿Qué quisieras replicar de ellos? ¿Qué no quieres replicar de ellos?
        • Lecciones de aprendizaje y puntos a tu favor.
      • Colorimetría
        • Mira tu clóset y tus accesorios, ¿cuál es el color que más se repite?
        • ¿Cuál es el color dominante en tu comunicación?
        • Busca el significado psicológico de ese color, seguro que te dará más razones para preferirlo en tu comunicación.
        • Usa Adobe Colors. Una palabra clave te sacará cientos de ideas. Puedes elegir tres paletas y luego tu diseñador te dirá si son adecuadas o debe modificarlas.
      • Palabras y frases clave
        • ¿Cuáles son tus insights? Eso suena tan raro. Cuáles son esas verdades que tienes que nadie te saca de la cabeza, esos argumentos que tu quieres que con tu imagen reflejen todo de ti.
        • Mira lo que yo hice desglosando mi perfil. Esta era la antigua Nata. Es fea, yo lo sé, pero me dio muchas contrataciones precisamente por la forma distinta de presentar mi perfil.
      • Fotografía, fundamental.
        • Si tuvieras la oportunidad de que un fotógrafo súper famoso te fotografiara, ¿qué tipo de fotos harías? Seguro no lo habías pensado. Mira mi selección en Pinterest.

    Fue un trabajo arduo. Fue RE-conocerme, mirar hacia atrás  y darme cuenta de la evolución que ha tenido mi marca. Me acuerdo que le leí a Sylvia Ramírez, una coach bogotana que la rompe, un post muy lindo que decía: «en un año ud. desearía haber comenzado hoy».

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    El oráculo de la semana.

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    Y sí, pero yo pensé en pasado, por allá en 2019. Quizá hace un año yo no estaba preparada para tener mi marca personal como la tengo ahora y haber hecho todo el esfuerzo que hice los últimos meses por sacar un mejor producto de mí misma. En ese momento no conocía a Juliana, @manzanalab, a quien le debo mi nueva imagen.

    Pero seguramente, en un año, miraré hacia atrás y diré: gracias, Pandemia. Me diste el tiempo que necesitaba para mí misma (sin afanes, ojo) y para descubrirme. 

    La nueva marca personal, La Nata

    La marca personal es un proceso continuo. Cuando creas que ya te conociste, asegúrate de preguntártelo dos veces antes de estar seguro y darlo por sentado. ¿Qué hacer si sientes que tu marca personal se está debilitando? Nada. En realidad, no hagas nada. Relájate. El flow volverá. Recordá que vos sos estrategia, te moves todos los días para alcanzar tus propósitos y hay días en los que te quedas quieto porque necesitas respirar.

    Y así es todo en la vida. 

    Una pausa es necesaria. Solamente, no te quedés pausado. Aquí te comparto unas técnicas que tengo para no quedarme quieta.

    1. Escribir a diario. Así sean dos líneas. ¡Pero a practicar!
    2. Tómate fotos, no valen selfies. Cuando reconoces tu perfil profesional y personal, empezás a recuperar tu esencia.
    3. Graba videos, así nunca los publiques. Eso te ayuda a mejorar tu discurso y estar en constante movimiento y análisis.

    No te obsesiones por agradarle a los demás, no le gustamos a todas las personas. Haz lo que tengas que hacer para estar feliz y a gusto con quien sos vos hoy.

    Si me lo preguntás, el proceso fue divertido. Hasta aprendí de WordPress. Pero eso te lo contaré en otro blog.

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