10 de junio de 2015

Las salsotecas: el legado de la vieja guardia salsera

Esta crónica fue publicada en el periódico El Giro de la Universidad Autónoma de Occidente. Con este trabajo, mi editor logró su cometido: “si querés escribir de música, hacete una crónica de las salsotecas”. Espero que lo lean bailando.

 


El viento metálico de una trompeta recibe a los amantes de la salsa. Pero no son de esos que dejan contagiar sus cuerpos con cada nota que regala un paso elaborado en la pista. No. Son aquellos de la vieja guardia que se sientan a contemplar cada acorde en una pieza musical y esperan el momento perfecto para acompañar su canción favorita con un golpe en el bongo.

Durante los últimos 20 años han existido alrededor de 100 salsotecas ubicadas en los barrios populares y muchas ya han desaparecido… Otras se renuevan, pero ya no tienen vinilos, han migrado a los computadores. Algunos sitios se venden con el rótulo de salsoteca, cuando realmente es un rumbiadero. Si usted tiene más de cuarenta años, recordará sitios como La Barola o Chaney. Si no tiene tanta edad, lo invito a que viva la tradición que arropa a Cali desde la década de los 50, cuando llegaban apenas los primeros brotes del son antillano y algunas corrientes provenientes de Nueva York.

 

La resistencia de la vieja guardia

“Remembranzas de un pasado que ha empezado ayer 
después de tantos años de verdadera unidad 
Que si pudimos llegar más no logramos hacer 
porque fue más fácil destruir que fortalecer”

La Ponceña en Cali es casi tan vieja como La Sonora Ponceña de Puerto Rico. Treinta y dos años de música, tragos y amantes de la salsa y detrás del mostrador de la barra, Jorge Martínez ha puesto cientos de canciones que han animado las noches de un garaje iluminado por luces azules y amoblado con sillas y mesas, para pintar el ambiente perfecto al escuchar los vinilos del ayer.

“Esto era de mi cuñado que ya falleció, él tuvo la idea de montar esta, y por medio de un amigo de la radio de esa época, Radio Sol, que era Miguel Ángel Altaiza, le dijo a mi cuñado que no le colocara ni puesto de soda ni taberna, sino que la montara con el rótulo de salsoteca, y así nació La Ponceña”, un establecimiento situado en la Calle 44 en el barrio Chapinero. Ahí ha persistido y se ha mantenido a pesar de la oleada de discotecas que se han camuflado bajo el nombre de salsotecas pero que nada tienen que ver con el origen real de este lugar.

Una salsoteca se caracteriza por ser un lugar pequeño y acogedor, en realidad, es el garaje de la casa de alguna persona que por allá en los años 70, quiso colocar salsa para amenizar un rato de buenas cervezas y charla con los amigos. “Es un sitio de reunión, como un tertuliadero” dice Wilmar Pasos, quien coordina los encuentros de melómanos en las salsotecas de Cali.

LaPonceña

Como La Ponceña, hay otros dos sitios que se niegan a morir. Olafo (ubicada en la glorieta de Alfonso López) y El Bembén (en la carrera 27 con calle 33C-95) hacen parte de estos lugares emblemáticos que después de 20 años todavía quieren seguir sonando en los barrios populares. La Diferente “es un nuevo sitio que ha nacido bajo este concepto y le ha ido bien” y así como esta, también existe Mundo Latino.

Fue revelador saber, que en un lugar como estos, no se bailaba porque “por ley, no era permitido hacer esto, aunque, a veces pasaba que algunos clientes si se paraban a bailar, entonces se tenía que quitar inmediatamente la música, y así la gente se fue concientizando de la esencia real de estos lugares: la audición” pero más o menos desde los ochenta, ya comenzó a incluirse el baile haciendo que el público cambiara porque antes “iban muchos varones, pues solo era a escuchar, pero cuando se inició el baile, todos comenzaban a llegar con su esposa, novia o amiga” y ellas también disfrutaban de la música de la noche “pero ahora, si te gusta un tema, me lo pides, yo lo busco y lo coloco y si lo quieres bailar, no hay problema” comenta Jorge con una sonrisa en su rostro.

LaCasaLatina

Salsoteca La Casa Latina, ubicada en el corredor de La Alameda.

La particularidad de una salsoteca es su música de colección, la cantidad de vinilos puestos de forma perfecta en una repisa que está dispuesta detrás de la barra que como el programador, son los que atraen a la clientela. Estos sitios se rehúsan a desparecer, pero no es por terquedad, sino porque ellos mismos se renuevan con el paso del tiempo y sus asistentes atraen a muchos más que se interesan, con curiosidad, por la salsa de la vieja guardia, la que comenzó en Cali desde la década del cincuenta.

 

El relevo de la salsa, antaño y actualidad

  • “Vamos a hacer audiciones de salsa.
  • No pero estás loco, Cali es un sitio de Salsa,
  • No, Cali tiene una cultura salsera y  musical tan grande que yo sé que hay gente que puede sentarse a escuchar 4 o 6 horas del mismo artista”

Cuenta Gary  Domínguez que esa fue una de las conversaciones cuando en el año 82 decidió montar La Taberna Latina, y ahora, después de 20 años durante los que viajó a Puerto Rico y Nueva York para conocer más sobre este género, regresó al hogar en el que fue criado, y adaptó la sala comedor y el garaje, decoró las paredes con cientos de carátulas de discos y algunos de sus LP, sacó su colección de vinilos y los dispuso en la gran repisa en donde atesora cámaras, fotografías y su tan preciado tornamesa.

GaryDominguezDe la puerta metálica hacia adentro, revive la antigua tradición que actualmente es reconocida como La Casa Latina, ubicada en la calle séptima, subiendo hacía el Parque de la Alameda, en donde comienza, según Gary, el “corredor de baile de la alameda”. (En la foto, Jorge Martínez, programador de La Ponceña y a la derecha, Gary Domínguez)

Él es reconocido por la labor que ha realizado desde el año 91 con el encuentro de coleccionistas, cuando en ese entonces, solo contó “con una carpa que nos prestaron, dos tornamesas y arrancamos con 800 mil pesos y 20 participantes”. En veinte años, el evento ha crecido en costo, y ahora son 200 millones, más de cien participantes y una proyección internacional, porque al fin “Corfecali entendió que era un evento de ciudad”.

Recorrer las calles de la Sultana invita al baile. El corredor en el que se encuentra La Casa Latina, es tan solo el inicio de toda una ruta de salsotecas y lugares para bailar y disfrutar de un ambiente tranquilo en donde acompañar las canciones con maracas, sea la alegría de la noche y Manolo Vergara, dueño de El Habanero, sabe muy bien lo que las personas buscan cuando van de rumba.

“Cali hoy tiene unos grandes desarrollos musicales alrededor de la salsa, tanto que el 40 % de la clientela de El Habanero, son jóvenes, porque la salsa ha cogido tanta fuerza, que salen a preguntarse qué es eso que está desapareciendo porque en la ciudad estaban metidos el merengue, el vallenato, el crossover y también la bachata” manifiesta él, que sentado todas las noches en la puerta de su establecimiento mientras observa cómo se mueve la noche en La Alameda.

Las salsotecas no morirán, ni siquiera por “los chapusones musicales” como dice Gary, porque “la ventaja de los que tenemos las salsotecas en nuestras casas es que nos podemos dar el lujo de aguantar esos chapusones de bachata, reggaeton, lambada y merengue, pero creo que el más fuerte ha sido el reggaetón” aun así, las nuevas generaciones son las que están siendo atraídas hacia estos establecimientos para rememorar el ayer que cautivó a sus padres, según Wilmar, “los jóvenes siempre se han involucrado con la salsa, por ejemplo en mi caso, visité una a los 16 años porque estaba con mis amigos y personas más adultas y ellos me llevaban a estos sitios; entonces lo de los jóvenes viene desde atrás.”

Sin embargo, el arte de poner la música y conectar a la gente, “es como un ritual, sacar el disco, buscar las carátulas… Y hay un fraccionamiento cultural, porque viene un muchacho y me dice ¿Eso suena?”. De eso se trata ahora, la música ha sido encapsulada en pequeñas memorias USB con una capacidad increíble para albergar el sonido que guardan los vinilos, pero, curiosamente, se ha generado un gusto en los muchachos por coleccionar  acetatos a pesar de que existe una brecha generacional amplia.

Felipe ‘El Chino’ Valero es Dj de su propio sello, Solar Latin Club, y es uno de los más reconocidos (entre los bloggeros salseros) por sus presentaciones en el exterior, especialmente en Europa los fines de año cuando asiste a toques y audiciones de salsa. Él siente que “los jóvenes entre los 18 y 23 años, están muy metidos en el cuento de la audición, pero también quieren bailar, sin embargo, está la necesidad de escuchar y no supeditar todo al baile”. En los últimos dos años se ha despertado el “renacer del vinilo” los muchachos asisten con ellos a las audiciones y los rumbiaderos, pero admite que coleccionarlos se está convirtiendo en una moda y en una forma de adquirir estatus en sus círculos sociales que se ha disipado porque “muchos de los coleccionistas han muerto y sus LP han ido a parar al comercio”.

De lo que si estamos seguros, es que, salsotecas hay para rato, porque todas brindan a sus fieles asistentes y a otros jóvenes curiosos, un viaje a la otrora Cali que degustaba de las composiciones de La Fania, así como de las pachangas, guateques y mambos, por nombrar solo algunos.

Publicado en noviembre de 2013.

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