10 de agosto de 2016

Lo que te hace huir

El amor, un suspiro.

El trabajo, las horas extra.

La soledad, el miedo a perderse.

Te hablaré de lo primero que te hace huir: el amor. 

Si el amor hace al mundo girar, ¿por qué hay personas que detienen su mundo por amor? O peor: huyen del amor.

Hace rato sentí que hubo en mi vida un amor que estaba deteniendo mi mundo; claro, en su momento lo movió con toda, pero cuando rompimos él no era la fuente del problema. Era yo que me negaba a soltar su imagen ideal, una imagen que me destruyó porque ya no existe. Entonces dejé de cuidar de mi porque esperaba que ese personaje lo hiciera desde lo lejos, desde un lugar que ni siquiera yo sabía dónde estaba.

Lo único que sabía era que, hasta hace poco, seguía perdida, apagada y miserable. 

Entonces un buen día toqué un fondo tan denso que desperté la cierta furia que los Escorpión llevamos adentro. No quieres conocerla, se llama mandartodoalcarajo y “sigo con mi vida”. Ahí me empecé a querer y a reconocer en el espejo.

Sin embargo, durante ese periodo oscuro la gente me preguntaba (y a veces, quienes no me conocen lo hacen): “¿siempre tienes esa sonrisa tan radiante?” No siempre. O sí, si siempre. Porque es más sencillo dar ánimo a otras personas que lo necesitan, aun cuando yo no tengo fuerza ni siquiera para darme energías. Porque lo he hecho mal todo este tiempo: me interesa el bienestar de los demás, mientras yo me quedo atrás. Ahogada. Nota: después te explicaré porqué mi sonrisa no se ve tan amable, especialmente si vas en mi carro y yo voy conduciendo endiablada. 

Por que el amor hace al mundo girar, y a otros les detiene el mundo, quizá en un lugar sombrío o en un ‘candy place’, yo por ahora no quiero amor -entiéndase muy claro como romance- de nadie. Es que el amor, el cariño, gusto, como le quieras poner, no es sinónimo de enredarse en un noviazgo. El amor, si lo miras desde otro punto, resulta ser una lealtad a alguien a pesar del tiempo y a las circunstancias. 

Pero para ser realista si no estás involucrado en un noviazgo te aseguro que puedes disfrutar tu cama completa. Y con el perdón de los enamorados, muchos de mis buenos amigos, evitaré por algún tiempo ridiculizarme con: “amor” o “mi cielo” (que, personalmente, me la vuela). Sucede, específicamente, que no quiero sentir compromiso porque semesaliodecirleaalguienqueloquiero. Tenerle cariño a alguien no significa que ya te van a poner el anillo en el dedo. Pues, hombre, deje que todo corra como el agua y no se complique. Además, uno le dice a los amigos (hombres) que los quiere y pues el mundo no se acaba. Digo, ¿no? O al menos a mi no se me ha acabado.

Pero las preguntas no paran.

– ¿Por qué no te gusta ser cariñosa?

Eso me lo preguntó una sabia mujer cuando leía mi alma, ahí tan descuidada y triste como me había permitido que estuviera después de aquella ruptura que sentía que me drenaba hasta la última gota de paciencia y jovialidad.

– Por que me enoja mucho que la gente conozca ese lado. Me enoja que mal interpreten mi cariño. Me enoja todo. Me enoja todo lo que tiene que ver con el amor: no puedo abrazar tranquila, no puedo decir ‘te quiero’, no puedo simplemente bajar la guardia porque las veces que lo he hecho la pared de rechazo aparece del otro lado. Así que decidí aprender a rechazar también.

Otro día me preguntaron lo mismo, con un agravante: “si vos sos super tierna”. 

– Pues porque no. Porque me veo mejor siendo rancia. Amarga, con humor negro y fin. – Pero claro, esta no es la verdadera explicación, es solo un simulacro.

Y todavía meses después me enoja todo. Hace poco cimbró el universo. Me enoja la gente que no puede soportar ni una muestra de afecto porque huye. Y ahí está mi razón: el amor, o como quieran llamarlo, cariño, gusto, admiración, espanta a las personas. ¿Me entiendes ahora?

Pero, ¿por qué huir de algo tan bello? Una sola muestra puede cambiarlo todo. Hace unos días me di cuenta de lo encantador que es abrazar. Y abrazar con los brazos de tu alma, no con el cuerpo. Recibí abrazos tan reconfortantes, que recordé aquello de ser tierna. Y quise como salir corriendo. O más sencillo, sentí que debía protegerme del medio bastardo al que ya, antes de la relación que me iba drenando todo, me había acostumbrado.

Existe una dualidad entre lo que quiero y lo que obtengo. Lo que obtengo no siempre es lo que quiero, porque lo que quiero lo digo, quizá, con palabras que hacen huir a las personas. 

Ahora si me disculpas, si te sientes identificado con esto, tocado o cualquier cosa que pase por tu mente, te digo que no hay nada de malo en querer a las personas. ¿Es que eso lleva una responsabilidad tan grande? No. Ser feliz estando solo, estando ‘cusumbo’ (nueva descripción acerca de mi existir) es estar tranquilo a la final. Si por alguna cosa, entraste a mi vida, y no fue lo que esperabas, tranquilo, retírate con franqueza porque con soportarme la sombra tengo.

Aprender a soportarse la sombra es de titanes. Titanes bastante solitarios. 

Pd. Así queramos estar un ratico solos, dejémonos querer un poquito. El cariño en pequeñas dosis también hace, particularmente y a pesar de mi “ranciedad”, mi mundo girar.

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